Hace unos días presenté en el paraninfo del Ateneo Fuente el libro Almas cansadas. Confrontando tu cárcel imaginaria. De Carlos Espinoza el Panda. Era una sábado lluvioso por la tarde, el día que entró el huracán Patricia a nuestro país y los pronósticos eran desalentadores. A pesar de ello el Panda casi llenó el auditorio. Los asistentes en su inmensa mayoría eran jóvenes de la Red de barrios que promueve el autor. Para sorpresa de los presentadores entre los que me incluyo, los jóvenes fueron llegando al Ateneo sorteando la lluvia y haciendo a un lado las advertencias de las autoridades y de los medios de comunicación sobre las posibles consecuencias que produciría el huracán y por otra parte dieron un ejemplo de atención a lo largo de las presentaciones. Sin duda por la cercanía que mantiene el Panda con estos jóvenes y por la expectativa de conocer el contenido del libro.

El Panda sin duda en el libro de su autoría, desnuda su alma, en Almas cansadas, aborda de frente, los problemas cotidianos, aquellos que nos encontramos en la vida diaria, los que ponen en duda la vida misma y hasta la existencia. En ello está la valía de este gran libro. Pues como dice el Panda: “En nuestro país existe una tradición que podríamos decir milenaria en la cual le echamos la culpa de todo a alguien más” y no asumimos las nuestras. Este es pues un libro para la raza, que solo lo puede escribir alguien que también viene de la raza.
El Panda se planteó al escribir este libro “Llegar al que no le gusta leer”. Escribir así, no es fácil, el Panda lo logró. Por eso los invito a atreverse a leer su libro. Como dice el Panda quiero: “Tener el privilegio de que alguien lea por primera vez algo y ese algo sea mi libro ¿Qué más puedo pedir?”. El Panda logró que “las hojas no se vean interminables y aburridas”.

También se pregunta ¿el alma se cansa? Y contesta: Llegué a la conclusión de que la mayoría no sabemos cómo lidiar con los retos que la vida nos pone y que siempre terminamos llamándoles “problemas”, mismos que al mezclarse con miedo, culpa, apatía, soledad y el no perdonar, dan como resultado una “sopa perfecta” para que el alma se canse y ya no quieras continuar. Por eso nos invita a “vivir y no andarnos quejando por todo y a dedicarnos a que cada día nos vaya mejor queriéndonos a nosotros mismo y listo”.

En otra parte nos relata que “Varias veces [su papá] aventó nuestras cosas a la calle, llegábamos y nos cambiaba el candado de la casa. Nos corría, llegábamos, y nuestras cosas estaban todas tiradas en la calle. ¡imagínate! Esas cosas te marcan como si fuera metal caliente en tu piel, o sea, te marcan y te generan mucho rencor, mucho resentimiento”. Luego el Panda nos platica que con el tiempo entendió: “Mi papá lo único que sabe es trabajar, pero realmente no es feliz. Mi papá nunca supo qué es un abrazo, mi jefe nunca escuchó un ¿cómo estás?. A mi jefe nadie le enseñó a querer, a apreciar. Nadie le enseño las cosas importantes de la vida, nadie lo asesoró, nadie lo apoyó”. Y agrega “Mi yo interior me dijo: entonces sí te quiere, pero a su forma rara y difícil de entender, ahora lo que debes hacer es quererlo tal y cual es, debes perdonarlo porque a él le fue peor que a ti y no encuentra la salida, ya no sufras por eso mejor quiérete tu solo, date el apoyo que necesitas a ti mismo y de ahora en adelante apláudete y disfruta tu solo cada cosa que logres en tu vida”.

Más adelante el Panda nos invita a escapar de nuestra cárcel imaginaria, a no encerrarnos en nosotros mismos, a no ponernos candados y a no vivir dentro de nuestra cárcel imaginaria. Dice que si te escapas de propia cárcel imaginaria, “Lo peor que te puede pasar serán cosas positivas pero extrañas. Tendrás una sensación muy rara que nunca habías notado, porque te estarías atreviendo a liberarte y a salir de tu zona de confort y a quitarte esos hilos que te tienen amarrado como si fueras un … títere que todos manipulan y te manejan a su antojo y no te permiten ser feliz y mucho menos lograr tus sueños”. Así que a escapar de nuestra propia cárcel imaginaria, a romper las cadenas para aprender a querer sin barrotes.

De estos y otros temas relacionados trata el libro Almas cansadas creo que será un libro que lo leerán muchos chavos de los barrios ¡En hora buena!

Salvador Hernández Vélez

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